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Cuando le vi llegar le di la bienvenida con mis ojos, y tras meses de cortejo, incertidumbre, recelo y sin que ningún cambio aparente mediara entre nuestras actitudes; me enganché a su espalda.

Se traspasaron los límites que se podían soportar, pero los errores se reconcilian en noches acrílicas, en ganas desmedidas, en el alcohol de nuestra playa. Confirmando así muchas creencias ortodoxas de las que siempre renegué.

Me gusta pensar que el tiempo se puede parar entre la inmensidad y el instante, entre el ahora y el recuerdo, entre la carretera y el arcén, justo en ese segundo en el que Orfeo mira a Eurídice para asegurarse de que las efemérides, siguen pasando entre su lunar y su boca.

Esa es la única y verdadera eternidad.

Pero una cosa está clara, cualquier día prenderá fuego el sol que te da por la mañana, y si eso ocurre presentaré denuncia y querella ante el capitán.

Porque dime tú dónde se vio a la abogada de un pirata, dibujando cordilleras a estribor.


 http://youtu.be/BgzwmyTyN0Y

Abre tu puerta, lunares

















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