16:58

Te la jugabas a cara o cruz.
Decías cruz, salía cara. Bueno,
sólo era un juego. Y pedías
otra y otra y otra.... Y así hasta
aquel último bar, hasta aquel
último reducto de esperanza.
Entrabas y, como siempre, nadie,
nada: un camarero con ganas
de cerrar, y algún pobre diablo
como tú. Pero al día siguiente
la seducción seguía ahí, intacta.

Karmelo C, Iribarren.



Me gusta mucho este autor, iré colgando más cosicas

Adoro las cerillas.

Para mí, uno de los grandes placeres de esta vida es encender un cigarro con una.
Me encanta verlas prender con un simple toque fuerte y seco.

Todo un arte.

Oir el crujido de la chispa y ver como el fuego crece en cuestión de segundos. Encender el cigarrillo, darle una calada, y agitar tu muñeca para apagarla.

Y mientras, obervar como se disuelve el humo, sentir por fín, la maravillosa mezcla del tabaco y el olor a fósforo quemado.

¿No es acaso un verdadero ritual?

Aquí el paisaje es diferente. Nada de señores con trajes, nada de maletines. Aquí ninguna azafata te dará los buenos dias dulcemente, nadie revisará tu maleta ni te hará pasar por un detector de metales. Nadie velará por tu seguridad.
Nada de protocolos, nada de burbujas. Pero la cafeteria seguirá siendo tan cara como siempre, eso sí.

Inmigrantes rumbo a su tierra, inmigrantes que vuelven a la nuestras, inmigrantes que te miran a los ojos con desolación.
El pueblo que, cansado de trabajar, decide irse de vacaciones por un módico precio, y así poder sentir, que todavia le queda algo de libertad. Parejas nerviosas que se besan al bajar, -Mochilero busca persona no consumida por la cultura del miedo-.

Gente normal y corriente. Hambrientos de vida, locos de sueños. Las mismas que hacen que la vida merezca la pena.
A mi lado un grupo de marroquies hablan sobre las Jornadas Mundiales de la Juventud.

-No entiendo tanta divinidad - Dicen, -Si su Dios, que tanto le quiso, se hizo hombre, que se vuelva hombre él tambien-
Y a mi, que luego me digan, que el enemigo viene en patera.

Estación de autobuses de Madrid. 14/8/2011

18:56

El calvario de un viejo es sentirse inutil.

Y Creo que es abominable, que en los ultimos dias de tu vida te hagan sentir mas inutil de lo que ya eres.

Y sí, VIEJO. Habrá quien encuentre el término despectivo. Pero a mi me parece una palabra preciosa; significa haber vivido, haber sufrido, haberte equivicado y, seguramente, haberte arrepentido.
En sus arrugas se dibujan todas las quimeras que persiguieron durante años. Hasta que se cansaron, y se hicieron viejos.

¿Que a qué quiero llegar con todo esto? pues a que desprecio, con todo mi corazón a una buena parte del personal hospitalario. En especial a ciertas enfermeras.

Enfermeras de lo despreciable
Enfermeras de lo inhumano
Enfermeras que convierten hospitales en verdaderos depósitos de cadáveres,

Joder, hasta los elefantes entierran a sus muertos.

Tratan como mera mercancia a sus pacientes, sin otorgarles un simple gesto que les haga pensar que todavia estan vivos; conduciéndolos así, por inercia, hacia su propia muerte.

Acomódelo en la cama como si fuera un saco de cemento. Sin una sonrisa, una caricia, una palabra de consuelo.

Siempre puedes comentarles a compañeras, entre café y café, lo duro que es tu trabajo y lo cansada que estas.

Benditas sean las enfermeras que tratan a sus pacientes con delicadeza, con dulzura, como si estuvieran transportando un poco de aire.

Ojalá existiese un cielo para ellas.