Repican campanas de domingo de resaca, llamando a misa a los que no creen en Dios. 
El día pasa buscando una canción que te redima de todas las curvas, recordando el humo de un cigarro que se retorcía sobre la cama, apurando el sueño entre las mantas perezosas.

Intento alcanzar ese algo que se me escapa por momentos, ese algo que me haga acabar con el cóncavo miedo. Quiero dormir amarrada a tus costillas pero lejos de mis temores. Precipítate conmigo, con fuego pero sin guerras, sin daños irreversibles que auguren despedidas.

Suerte que las palabras encarcelan y los ojos liberan. 

16:38

Nada que ver no se trata de eso, se trata de un instante, uno altamente susceptible de provocar sentimientos un instante indefinible, tan conforme en su anarquía tan acorde en su caos.
Un instante tan mudo que tiende las ganas, tan ligero que levanta solas las puntas de los pies. Tan intenso que hasta tus pupilas dilatadas se estremecen.

 Y te aterra como se acorta el tiempo según se va haciendo más grande